jueves, 13 de noviembre de 2008

MAPOMA 08 (Maratón Madrid)


... Y UN DÍA SOÑÉ...


Los nervios, la incertidumbre, lo desconocido... no sé que pudo ser, pero eran las 5h de la mañana de la gran cita y mi cuerpo había dicho que se acababa el descanso.

Me había acostado tarde (prácticamente la media noche). Sorprendentemente, no me había costado conciliar el sueño.

Momentos antes había dado buena cuenta de la última ración de hidratos de carbono (esta semana pre-MAPOMA he celebrado la “Semana Internacional de la Pasta”) y tenía preparado todo lo necesario para el “gran día” (dorsal, chip, camiseta, mallas,...).

Ultimo repaso del plano de carrera. Memorizar los puntos donde estará la familia y donde me esperará Luis con los dos avituallamientos especiales (geles de carbohidratos).

Todo estaba visto para sentencia. Tres meses de agradable sacrificio que se debían materializar en un estreno a lo grande.

El primer pie en el suelo a las 6:45h, tras el pipí de rigor, el miedo al calor previsto para esta cita me lleva a mirar por la ventana viendo la “pinta” de este amanecer... sin conclusiones claras.

Primera estación importante de la carrera: llenado del depósito y posterior “vaciado”.... primera prueba superada: tras el vaso de “isotónico”, el café con leche y el par de tostaditas y el plátano, siento una llamada urgente de mi interior que me indica que encienda la luz del baño y deje mi cuerpo “listo” para la batalla.

A las 7:30h la cita con mi acompañante hasta la línea de salida. Empezamos mal. Se retrasa. Los problemas para su vaciado (finalmente fracasado) nos obliga a salir 15 minutos tarde... afortunadamente esta demora es fácilmente recuperada apretando el acelerador en la bajada a Madrid. Que linda está la capital a las 8h de la mañana. La tranquilidad se respira a estas horas a pesar de que el gentío comienza a llenar el tramo Cibeles-Colón.

Una buena cantidad de vaselina por pies, pezones, axilas... evitando roces evitaremos sufrimientos innecesarios (que ya es bastante correr durante 4h).

Dejamos las mochilas en el guardarropa... son las 8:35h y nuestros caminos se separan. Mi acompañante es bastante menos ambicioso que un servidor y su tiempo previsto de finalización se separa del mío entorno a la media hora. Fuerte abrazo. Nos deseamos suerte para la batalla y nos diluimos entre el gentío para colocarnos en la salida acorde al ritmo que queremos emprender la marcha.

Veo el “globo” puesto por la organización que llevarán los de 4h y, algo más adelante, el de 3:45h. Decido situarme entre ambos... pienso que si me coloco con el de 4h, probablemente salgan fuertes para ganar en la primera media lo que luego se dejarán en la segunda. Yo tengo claro que mi estrategia es salir conservador y ver como llego a la Casa de Campo (km. 23). Además, estoy acostumbrado a correr solo. Con el globo de las 4h irán unas 20 ó 30 personas y no me gusta para nada esta situación. Soy una especie rara en esto del correr, ya que la mayoría de corredores siempre busca hacer grupos con objetivos similares para hacer más ameno el recorrido... yo, como siempre, iré a mi ritmo y con mi intuición.

Son las 9h. La cita comienza puntual. Me veo rodeado por otros 13.000 corredores ávidos de cumplir un sueño. Ellos y yo sabemos que la gran mayoría no cumplirá lo esperado, con lo que cada uno espera que sea el de su lado el que fracase.

Cruzo la línea de salida y a continuación comienzan estos primeros metros de incertidumbre en los que a unos les da por hablar, a otros por tocarse toda la indumentaria (como si se le hubiera descolocado en el arranque) y a los que llevo justo a mi lado por cantar... sí, se lanzan a cantar.... pero si es la Brigada Paracaidista... ya corrí la Media de Alcalá y se pasaron corriendo en grupo y cantando durante los 21Kms !! ... mi primera duda: ¿conseguirán hacer una Maratón todos juntos y cantando sus misivas militares?

Primeros 5Kms... hay que ascender desde la salida en Recoletos hasta la Plaza Castilla. Llevo memorizado que los pasos deben ser de 28 minutos cada 5 kilómetros, y si en este primer “lap” nos vamos unos segundos más allá tampoco pasa nada

Que gracioso es ver el reguero de corredores que, traicionados por los nervios, se ven obligados a tomar las de “Villadiego” y se echan a un lado de la calzada para regar los diferentes setos y árboles que inundan el Paseo del Prado en estos primeros lances de carrera.

La llegada a Plaza Castilla me hace vivir dos momentos encontrados. El primero me lleva a pensar en lo estúpido que es el ser humano. Al paso por el depósito de Canal de Isabel II alguien entre la multitud lanza al aire ese grito, tan de moda, de “Agua para todos”. Inmediatamente otro le contesta de forma absurda desaprobando el lema, “Agua para vivir no para los campos de golf”. ¿nos tiene que acompañar la política en esta “cívica” cita sólo deportiva?
Por el contrario, y siempre hemos de quedarnos con lo bueno, justo en el primer avituallamiento en el Km5 me encuentro con ese personaje ya famosos por su disfraz de Groucho Marx, que todos los años corre este evento de esa guisa. Este tipo es historia en MAPOMA, y yo comparto unos metros con él. Su objetivo de 4:15h (marcados en un cartel que porta con su mano derecha) le hace rezagarse poco a poco.

El primer tiempo intermedio me muestra que la cosa empieza bien: avituallamiento en el kilómetro 5 pasando por debajo de 27 minutos. La subida ha resultado sencilla; el pulso se mantiene entorno a 150 pulsaciones por minuto y tras el giro en Mauricio Legendre atacaré 9 kilómetros de perfil a favor que me deben llevar a mantener un ritmo bueno sin subir las pulsaciones. Soy consciente que una vez llegado a las 170 ppm la situación empieza a ponerse gris, ya que costará mucho volver a bajarlas.

El tramo del 5 al 10 es realmente agradable. Príncipe de Vergara se muestra en toda su anchura dejando encontrar al corredor siempre un espacio cómodo para el trote. Pica hacia abajo, con lo que el ritmo se vuelve más vivo. Tengo que ir frenando mis piernas, que me piden más “carnaza”. Todavía es mucho lo que queda por delante.

Avituallamiento del 10. Seguimos frescos. Paso mejor de lo previsto. Poco más de 53 minutos en este punto me llevan a unas sensaciones contrapuestas... por un lado la alegría de verme fresco y a un ritmo de 5:18 min/km (muy por debajo del 5:40, previsto para acabar en 4h). Por otro lado me atrapa el miedo. Ir demasiado fuerte puede suponer pagarlo al final. Llevo tres meses mentalizándome de esto. Es la clave. Los que tienen experiencia te lo dicen: por ganar cinco minutos en la primera mitad puedes perder media hora en la segunda.

En definitiva, trato de frenarme. Sigo bebiendo en todos los puntos de avituallamiento.

Nada más iniciar este tramo del 10 al 15 me quedo con la imagen más bonita de esta Maratón. Al pasar por encima del paseo de la Castellana por el puente que lleva hacia Raimundo Fernández Villaverde, se ve un reguero continuo de corredores formando una masa compacta que llega hasta la Plaza de Cuatro Caminos. Con los pelos como escarpias encaro la subidita pensando en esos perritos calientes que habré devorado en la cafetería Nebraska aquí situada (me prometo no tardar mucho en venir por aquí).

Esta zona la domino. Siempre he sido del Norte de la capital. Viví en el Barrio del Pilar y hasta que lleguemos a la Casa de Campo es mi territorio. Sé que en el km14 subiremos desde Guzmán el Bueno hasta la calle Fuencarral. He guardado fuerzas. Comienzo la escalada y, aunque todavía el Sol no ha aparecido en todo lo alto y el calor no ha comenzado a romper, ya hay gente que empieza a pagar esfuerzos. Auxiliares que patinan en paralelo a los corredores, vaselina y reflex en mano, se ven obligados a comenzar a trabajar... de aquí al final su ayuda es indispensable para la buena marcha de todos los participantes.

Ya han empezado a situar las duchas de hidratación intercalándolas entre los puestos de avituallamiento. Así, en el 12,5 me doy el primer “refresco”. Me despojo de la gorrita comprada para luchar contra mi amigo “Lorenzo” e imito a Carmen Maura en aquella película de Pedro Almodóvar (si bien es cierto que no necesito de la ayuda de ningún barrendero para empapar mi ajustado atuendo).

Km 15 en 1h20´. Justo cinco minutos por debajo de lo previsto.

Hemos ganado la calle Fuencarral. La calle se estrecha. De repente me veo envuelto en recuerdos del trabajo. Y no es que haya trabajado alguna vez por la zona, pero es que me veo rodeado a mi derecha por tres corredores (con equipación verde) del C.A. Toledo y a mi lado izquierdo me acompañan cuatro con indumentaria azul de un club de Alcázar de San Juan (C. Real)... joder!, no me quito a los manchegos de mi lado ni corriendo!!!!

Pronto estos recuerdos laborales se desvanecen... pasamos en plena plaza de Callao por el arco del Km16 que rememora la candidatura olímpica de Madrid 2016. Bonito presagio para la entrada a la calle Preciados. Al fondo ya se escucha la música. Un escenario en plena Puerta del Sol acompaña con ritmo de tambores a los intrépidos del asfalto. Trote por la calle Mayor y llegada al Palacio Real.

Voy pendiente al tomar la calle Feraz. Entre el 18 y el 19 estará Moni con Laura. Estaría bueno que después del madrugón que se han dado para estar allí animando no las mandará un beso. Voy por encima del tiempo previsto, con lo que tengo pavor a que no hayan llegado todavía al punto de encuentro y que luego puedan echarme en falta, temiéndose alguna desgracia de su valiente “héroe”.

Ya las veo a lo lejos. Acera derecha de mi marcha (según lo previsto). Me abro un hueco entre otros tres guerreros que corren pegados a mi y las pego un grito de aviso.

Me han visto. Sus aplausos y ánimos son respondidos por mi parte lanzando un beso. Dudo en pararme y achucharlas, pero sé que corro el riesgo de que retomar mi camino sea duro para mis piernas... me preguntan que tal voy, y les soy totalmente sincero: fenomenal!!!

Sigo marcha esperando la llegada del 20 y la referencia importante de la Media Maratón.

Todo es bajada. Calle Ferraz, giro a Paseo Moret (donde una de las guías del globo de 3h45´ va con problemas. Ya no lleva el globo y la paso sin ningún esfuerzo).

Vuelvo a girar y... caída libre!!!!... el Parque del Oeste. Hemos pasado el 20 y nos acercamos a la mitad del recorrido.

Ya veo al fondo el arco. Mucha gente se para en este punto. Su objetivo es sólo hacer Media Maratón, y para ellos el premio está conseguido. Para otros precisamente empieza aquí. Hay quien prefiere hacer la segunda mitad del recorrido acompañando a algún compañero de rodajes que esté sumergido en la aventura completa. En estas veo a tres uniformados del club Mesón Castillo de Villalba. Caras conocidas del pueblo. Su espera me hace conocedor de que José Castillo y compañía todavía no han llegado a este punto.

Paso la Media en poco más de 1h51´. Justo después, al girar en la Avenida de Valladolid me he citado con Luis para la primera entrega de gel. Según termino la bajada le veo. Me despojo de la gorra y aprovecho para hacerle gestos con el fin de que me reconozca entre todos los que acabamos con este placentero descenso en el Puente de los Franceses. Ya me ha visto.

Foto de rigor sobre la marcha y entrega de avituallamiento. Se interesa por mi ritmo y le contesto que muy bueno, 7 minutos por debajo de lo previsto a mitad de carrera (espero que no me pase factura más tarde) ... hasta dentro de 10Kms amigo.

Doy buena cuenta, de forma tranquila, del mejunje preparado.

Comienza el purgatorio. Encararé hasta la Glorieta de San Vicente para entrar a la Casa de Campo. Nunca he corrido por aquí, y no sé lo que me espera, aunque en el perfil publicado por la organización de la carrera para este tramo no parece excesivamente exigente. Cuando quiera salir de la Casa de Campo será el Km30... el infierno llegará a continuación.

Nueva “duchita” antes de la glorieta. Giro a derecha y entramos a la mítica Casa de Campo. Comenzamos con una subidita interesante. De esas que hacen daño... creciendo el desnivel poco a poco y prolongándose en el tiempo y espacio. En un montículo casi al final de la subida, y cuando ya se vislumbra el precioso Lago, dos mercenarias del amor me refrescan la memoria de donde estoy. Están alucinadas por el espectáculo de corredores y seguro que jamás han tenido tan poco negocio con tanto hombre a su alrededor.

Sigue el recorrido paralelo al Lago hasta una rotonda donde nos vamos a derecha para seguir subiendo. Esto es duro. No lo esperaba. El reguero de corredores andando empieza a ser notable. Sigo a mi ritmo. Estoy en el Km25. 2h12´. En los últimos 5 (del 20 al 25) estoy en un ritmo de 5 minutos 20 segundos por kilómetro. A pesar de la dureza (por otro lado inesperada en este tramo) voy 20 segundos por kilómetro por debajo de lo programado. Las pulsaciones se mantienen en niveles que garantizan un supuesto “éxito”.

Duchita en el 27,5. Sigo en la Casa de Campo. Un espectador grita que ya ha llegado el primero y que Chema Martínez ha ganado..... si con eso cree que me ánima, lo lleva claro. Yo estoy en mi propia guerra, y la de nuestro líder olímpico contra las huestes africanas son de otro libro.

Antes de ganar el km30, sé que está al salir de la Casa de Campo, me llevo la mayor de las sorpresas. Encaro una rotonda, cojo la salida a mi derecha y me encuentro que salimos por donde está el Palacio de Cristal. Una subida de unos 300 metros que para muchos a estas alturas supone subir el Mortirolo.

Menos mal que entre la vegetación del lugar el tránsito de estos 10 últimos kilómetros ha sido agradable. Apenas se ha notado el castigo del calor. Pero el miedo me ataca. Una vez llegue a la Puerta de salida de la Casa de Campo comenzará el auténtico Holocausto. Sol, cuestas, .... menos mal que todavía voy entero (o no... ya que si a estas alturas uno ya va destrozado, creo que desistir y coger el metro hasta el punto de encuentro con la familia en el kilómetro 39 hubiera sido una opción digna).

Hay quien dice que el Maratón es una carrera de 10 kilómetros con 32 de calentamiento previo. Estaba llegando al momento de verdad. El paso del “muro”, el encuentro con el “tío del mazo”. Tras el esfuerzo realizado, lo normal es que sobre el kilómetro 30-32 se produzca un cambio en el organismo del corredor. La reserva de hidratos de carbono se agota y el cuerpo empieza a tirar de un combustible de peor calidad: las grasas. Para convertir esas grasas en energía se quema mucho azúcar, con lo que se entra en un estado peligroso de bajada de los niveles de glucosa en nuestro organismo. Es muy habitual sentir flojera en las piernas, mareos, vómitos... Dependiendo de la fuerza y preparación el pasar este bache puede originar unos problemas u otros.

Todos estos pensamientos me acompañan en esa última subida antes de abandonar la Casa de Campo.

Bueno Campeón, empieza lo bueno. Si ves un tío con un mazo en la mano y sientes que te ha pegado en la cabeza, no sigas sufriendo.. te has pegado contra el muro. “Relájate” y sufre, que en 20 minutitos de trote cochinero se habrá pasado (hay quien dice que esos veinte minutos en los que tu cuerpo tiene que cambiar de estado son lo más duro que puede ocurrirte en la práctica deportiva.... también hay quien defiende la teoría de que quien no se pega contra el muro no sabe en realidad lo que es correr una Maratón).
Abandono por encima de las 170 pulsaciones la Casa de Campo. Esto empieza a ponerse turbio. Bajadita para intentar recuperar aire. Sé que si llego en paralelo al Manzanares y no he conseguido recuperarme de este último esfuerzo, lo voy a pasar muy mal en lo que queda de aventura (nada más y nada menos que 12Kms).

Voy soltando piernas y brazos como si fuese bailando. Dos corredores hablando en catalán me acompañan en la bajada. Pasamos el Km30. Unos segundos por debajo de las 2h40´. Estoy, a pesar de la Puta Casa de Campo (y no de las Putas de la Casa de Campo, que las dos negritas de la primera cuesta no tuvieron culpa alguna de mis subida de pulsaciones) todavía 8 minutos mejor de lo previsto. Voy recuperando algo las pulsaciones, pero tampoco es para hacer una fiesta.

Y empieza a estrecharse la vía. Hay obras. Voy en paralelo al Río y dos chavalas (supongo que las parejas de los dos catalanes) invaden la calle para acompañar a sus “héroes” en un tramo de la andanza. Van haciendo fotos y me molestan un poquito en mi trote, pero no es plan ponerse borde en esta fiesta. Tienen pinta de rendirse pronto, con lo que tan sólo hay que esperar unos segundos. Efectivamente, abandonan la calzada.

Ya estoy en el Paseo de la Ermita. He dejado la compañía de los catalanes y sé que Luis me espera en el km32 con el Vicente Calderón a la espalda (hasta en estas situaciones deja ver sus colores. Es que es indio hasta la médula).

Esta vez el encuentro es más sencillo. Está en una zona muy solitaria (en medio del puente) y yo corro sin nadie a mi alrededor. Me ve de lejos. Fotito, ánimos y avituallamiento. Misión cumplida. Le pido que avise a Moni de que llegaré al km39 antes de lo previsto. Me avituallo poco a poco mientras cruzo este largo puente y agradezco interior e infinitamente la labor desempeñada por mi amigo.

Quizá el no sea consciente, pero al final de la prueba sé que he llegado hasta allí en gran parte gracias a su ayuda y desinteresada colaboración.

Llego a la otra ribera del Manzanares. Para mi esto es una incógnita. Conozco algo la zona, pero sin dominarla. Por lo que he visto en el plano, trazaremos en paralelo al río durante varios kilómetros hasta llegar a Méndez Alvaro. Hay estará la prueba final.

Para mi sorpresa, nada más terminar el Puente de San Isidro me topo con una subida (eso sí, con la Catedral de la Almudena en la altura, si es que alguien tuvo aire suficiente para disfrutar de la vista). Pica muy duro, y el sol empieza a asomarse por mi espalda.

Voy con la gorra al revés, de tal forma que me tapa la colleja del ataque de “Lorenzo”.

Una vez acabado este tremendo “repecho”, empieza el recorrido hacia el 35. Trote para recuperar pulsaciones y a coger un ritmo cómodo (a estas alturas). Llego al 35 en 3h06´. Mi cálculo era estar sobre 3h18´, con lo que la diferencia a mi favor me hace tener un buen colchoncito para lo venidero.

En este avituallamiento cojo una botellita para refrescarme muñecas y nuca (principales termómetros del cuerpo). Mojo la gorra y me prometo entregársela a Moni al pasar por el 39. El Sol no ha terminado de castigar y lo único que hace este complemento es darme más calor.

Voy acongojado. Me esperan los 7 últimos y duros kilómetros. 80 metros de desnivel en contra en tan pocos kilómetros (y con tantos ya recorridos).

Algo me acongoja más. En el Paseo Imperial hay alguien en el suelo con problemas. En la acera de mi derecha veo las piernas de alguien que está intentando ser atendido por el público. Las caras de los que rodean el cuerpo tumbado en el suelo reflejan que la situación es alarmante.

Miro el pulsómetro, veo que voy en los límites esperados, y me auto-convenzo de que quizá esa persona allí arrojada estaba poniendo su cuerpo a un límite demasiado alto. Estoy seguro de que al final quedará en un sustillo, me ánimo y sigo ruta.

Duchita en el 37,5Km. Muchos ya se paran al pasar debajo del agua. Tengo que gritar para que no se paren y entorpezcan a los que venimos a otro ritmo.

Justo ahí estamos ya en Méndez Alvaro. Pensaba que el infierno empezaba en el 35, pero mira por donde que he tenido algo más de dos kilómetros de prórroga. Arriba se ve Atocha. Un reguero de corredores se convierte en una fila de andadores.

Yo noto, ahora sí, el Sol, en mi espalda. Voy subiendo a mi ritmo. Sin parar, sin decaer. Noto que voy bien por que no paro de adelantar a otros (pero ojo!, que cansado voy.... y en el pulsómetro aparece la fatídica cifra de 181 ppm... creo que este va a ser mi punto de no retorno. De aquí ya no bajan las pulsaciones hasta el final de carrera. Afortunadamente quedan menos de 4kms con lo que el esfuerzo será soportable). El sufrimiento de los que están a mi alrededor me hace automotivarme para no hacerme partícipe de éste. Un silencio másticable lleva al reguero de corredores en su vía crucis hacia Atocha (en este nuestro camino maratoniano tan sólo una estación de transición para la subida hasta Mariano de Cavia y Menéndez Pelayo). Rompo el silencio con un grito de rabia para mi y ánimo para ellos: “vamos coño!!, con todo lo que hemos sufrido para llegar hasta aquí no vamos a rendirnos ahora” (me salió del alma. Necesitaba soltarlo).

Y cuando estoy coronando la cuesta veo delante mía, clavados con un trote cochinero, digno del mejor Andujar Oliver en sus tiempos de trencilla, dos elásticas del Mesón Castillo. En pleno esfuerzo les espeto: Vamos Villalba!!, uno gira la cabeza y le reconozco. Un conocido de los que corren de verdad. De los de la Media Maratón en 20 minutos menos que yo. Me anima y entre su aliento consigo entender algo así como: “Joder, vas como una rosa. Tira, que tú si que lo tienes”. Este ánimo me hace salir escopetado en ese momento de tomar la Plaza de Atocha con el monumento a las víctimas del 11 M como testigo.

Encaro hacia Mariano de Cavia. Me coloco en la parte izquierda, según lo convenido con Moni. En este punto estará con Manu y Bego y con José Carlos y Lucía con los niños. Serán el arreón final antes de encarar el infernal kilómetro de subida de Menéndez Pelayo.

Voy por Reina Cristina. Me quito la gorra para refrescarme con mi propio sudor. Veo al fondo un arco a la entrada de la Plaza de Mariano de Cavia. La acera está repleta de corredores haciendo estiramientos. Creo que el del Mazo hoy ha hecho su agosto.

Llego a la Plaza. No veo a Moni. Voy pendiente pero nada. Tan centrado voy con verla que no me doy cuenta que no he aminorado el ritmo y que he empezado a subir Menéndez Pelayo a un ritmo muy alto. Voy pensando en que quizá, como en la plaza había mucha gente, se habrán colocado en esta subida.

Veo el cartel del 40.... sólo quedan dos.

Según paso me refresco (hay duchas pulverizadoras) y sigo a un ritmo vivo deseando que Moni no estuviera en Mariano de Cavia. Sé que si he pasado y no me ha visto, se preocupará al ver las escenas tan dantescas como las que hay a mi alrededor. Sé que pensará que me ha pasado algo y que ando por ahí estirando cualquier dañado músculo en alguna acera.

No me fijo en el tiempo de paso. Ni en el ritmo por kilómetro. Ni en las pulsaciones. Sólo voy mirando para la acera que linda con el Retiro para ver si veo a alguno del grupo de animadores que debería estar con mi mujer y mi hija.

Y sigo subiendo. Sufriendo pero con la cabeza en otra cosa.

Pienso que finalmente habrán decidido ponerse en la meta para verme entrar.

El que iba a estar por allí es Luis.

Veo al fondo el km41.

Y, con asombro, veo que transita por allí el “globo” de 3:45´. Total, que con el rollo de encontrar a mi mujer no me he fijado en el tiempo, pero al ver el globito pues echo un vistazo a mi muñeca izquierda y veo que estoy por debajo de 3:40´ y estoy llegando al 41.

Nada más pasar el arco veo al fondo a Luis (esta vez acompañado por María... también estaba su cuñado Coque, pero de esto me entero más tarde, ya que no lo vi).

Luis se emociona, chocamos las manos, me felicita y, para sorpresa mía, se lanza a correr conmigo. Dice que me acompaña hasta el final. Le pregunto por Moni, y me comenta que estaba en Mariano de Cavia (lo siento por su preocupación y por los demás que se han desplazado desde Alcalá de Henares para verme y que se van a quedar con las ganas. Que putada).

A todo esto, damos (ahora acompañado por Luis) buena cuenta del globo de 3h45´. Yo voy fuerte. Veo en el pulsómetro 191 ppm. Decido no mirarlo más. Me da miedo Luis. Con la emoción ha echado a correr con la chupa de la moto puesta (que pesa un quintal) y la mochila a la espalda. Calculo que llevaba unos 10 kgs de peso extra; y si a esto le unimos su falta de “estilo” al trotar, pues eso, que cada paso que daba retumbaba el Retiro entero.... un crack el tío !!

Le intenta parar un voluntario de la Organización para que no entre en meta. Le toreamos.

Ya se vé el arco de Adidas y, detrás, el de la Meta con los tiempos oficiosos.

Llegamos al 42 y de ahí ya no puede pasar, le paran. Yo me lanzo a tumba abierta y quedo con él en que le espero en la línea de meta.

Mucha gente aplaudiendo en esos últimos 200 mtrs.

Siento que lo he logrado.

Cruzo contento y cansado..... tras el esfuerzo echo a andar para recuperar unas pulsaciones normales. Intento reencontrarme con Luis, imposible mucha gente y todo organizado para que nadie invada la zona de llegada.


Tiempo final OFICIAL: 3h 45´01´´


Total, que si me descuido bajo de 3h45´

Ha sido una experiencia inolvidable. La carrera se me ha pasado volando. El del mazo no ha aparecido. He cumplido con creces las expectativas marcadas para la experiencia. Pero también he visto mucho sufrimiento a mi alrededor. Es una experiencia totalmente recomendable pero, ojo, con cabeza.

Fundamental preparase para ello. Seguir un estricto plan de entrenamiento. Mentalizarse en este reto. Vivirlo a fondo. Saber nuestras limitaciones (siempre correr de menos a más).

De valientes está lleno el cementerio.

De nada vale salir a ver que pasa si luego uno es incapaz de rendirse ante la evidencia.

¿Qué sentido tiene intentar hacer una prueba de 42Kms si en el 14 ya vas andando? (sólo conseguirás sufrir como un capullo).




El objetivo está cumplido (era triple):

- Acabar una Maratón
- Acabarla sin pararme
- Acabarla por debajo de 4h.



En el capítulo de agradecimientos:

- Por supuesto que a mi mujer, por esos fines de semana y vacaciones en los que a las 7:30h de la mañana la dejo sola en la cama para salir a correr.... y por soportar mis conversaciones monotema sobre el Maratón.
- Muy especialmente a Luis. Gregario de lujo. Cuando acabé la prueba me di cuenta que no tenía una sensación de vacío en el estómago. Los avituallamientos que preparé me vinieron perfectos. Al final de la prueba es cuando más lo noté. Llevaba reservas después de 42 kms. Corrí el último kilómetro el más rápido de los 42 !! (en 5 minutos). Si no hubiera tenido a Luis como soporte todo hubiera sido más complicado. El gel directamente ingerido puede dar problemas y diluirlo en agua mientras corro es realmente complejo. Gracias amigo (espero que te hayas recuperado de ese último kilómetro).
- Por último, gracias también a los que estuvieron pero no me vieron y a los que sin estar me mandaron su apoyo en estos días.



Próximo reto............................... ¿28 de Septiembre? ¿Zaragoza o Berlín?





Jesús

(ya soy Maratoniano)

5 comentarios:

  1. me parto....

    eres un máquina total....

    Un abrazo de tu amigo Alberto.

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  2. Que pasa Albertín... si te lo has leido entero, tú si que eres un máquina... Besitos para ti y para Paula

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  3. Hola Jesus :

    Que animal tio, ya me lo he leido 4 veces , llevo corriendo desde junio a tope , y cada vez estoy mas enganchado y tu experiencia me motiva un monton .
    Enhorabuena y gracias por compartirlo.

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  4. Por cierto soy Chechu , el amigo de Luis y Maria (el tuvo la culpa)

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  5. Hombre CHECHU !!!!

    Ya me había comentado Luis que estabas metiéndote en estas lides.

    Mucho animo.... que llega el invierno y es duro salir con lluvia.

    Mucha cabeza... poquito a poco, sin prisas, que las lesiones estan a la vuelta de la esquina (quien te dijo que el deporte es bueno, probablemente no haga las burradas que hacemos algunos... por que sano, lo que es sano, no creo que sea meterse panzadas de 2h una vez por semana)

    Y espero que podamos compartir unos kilómetros juntos cualquier día de estos.

    Un abrazo tío.

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